VIAJANDO SE MUERE MÁS LENTO
Por: Carlos Rojas
Yagé
sos mi dama blanca del yagé
el hilo conductor
en medio de la neblina
que me sumerge
en el sentido del sueño
sos mi dama blanca del yagé
lames mis espurios labios
el néctar exocisador
de pretéritos demonios color ocre
que danzan a bocanadas
sos mi dama blanca del yagé
cuando soy palabra sin voz
y busco en mis desperdigado cuerpo
la ablución ancestral que me saque
del exilio cotidiano
sos mi dama blanca del yagé
cuando soy cuerda floja
que se agita y regurgita
la realidad tiene las alas abiertas
el grito del trópico
antes de comenzar el viaje
el grito del trópico
era implacable
el invierno
era una lluvia repentina
en un día de verano
el otoño
acontecía sólo
en un árbol del bosque
y la florida primavera
duraba toda la vida
el viajero circunda
las imágenes de lo duradero
y se da cuenta
que el grito del trópico
es uno más
es un pasajero
entrañable
vikingos
hay un llamado de la mar
seres enormes
con mirada de buey
cuerpos sin fondo
y árboles que utilizan
como espadas
merodean mis noches
y poseen mis sueños
me resisto a ser suyo
despierto
huyendo de sus cornamentas
y busco el aire
de los eucaliptos
la luna dispuesta
como una goleta vikinga
me invita a la caída de su ola
en la lejanía
lejos te escribo
con la claridad del viaje
reconozco tu silencio
aborrezco tantas difusas palabras
quiero ser más leve
reconocer tus otros sonidos
ajenos
eso parece
cuando desde lejos
te escribo
hoy regreso
ausente y pesado
con un poco más de mí
ya no tengo
ni palabras para darte
el terror del marinero
las olas no serán más
mi vida
y este ripioso sabor a tierra
será mi alimento por siempre
no necesitaré brújula
porque mis huesos
sabrán caer solos
seré timonel de sombras
maquinista de insectos
y centinela de madera
tantos cielos vistos
para encontrar la ruta
tantas promesas a la mar
para terminar sin ella
mar abierto será reemplazado
por la cerrada tierra
del lapidario
es tu nombre el que se ocultará
tras el granito
como el único testimonio de tu
paso por la tierra
imperdonable sería si no te
recordásemos
irreconocible se tornaría tu
figura de asfalto
un nombre borroso
una curtida fecha
serán cubiertos por la maleza
la naturaleza tallará tu olvido
sobre la lápida
serás roca y cincel
perdido
en una florida pradera
Medellín. ediciones nos dejó el tren. 2007. Págs. 13, 15, 35, 47, 67 y 69.
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