LLAMADO AL ARTE
Por: Ywan Goll

El arte no es ningún oficio. El arte no es ningún destino. El arte es amor.

El amor requiere el amor, es un asunto bilateral. El arte requiere de público, es un asunto público.

El arte se convierte hoy en una actividad amorosa social. Por ello, artista, entra en el pueblo y muéstrale tu gran corazón. Tus llamados a los hombres, tus discursos tribunicios serán poemas.

Tu tienes el medio más extremado del amor a tu disposición: tu tienes a Dios. Por ello, sea quien sea, el cochero asalariado o el marinero de los canales, tendrán que escucharte y creerte. Tu trabajo es lucha; contra la somnolencia y el embotamiento, lucha contra el espíritu de la negación y la noche. El hombre se ha inventado las estrellas.

Pero por sobre todo, lucha contra ti mismo: contra pesada herencia que llevas en ti. Por sobre todo, artista, diferénciate del “talento” por el hecho de no ser más un egoísta.
Mientras el lírico del yo, que se separa de la humanidad y unge su dolor imaginario con aceite de rosas.

Miente el pintor que se constriñe en miniaturas y retratos de personas: el no tiene un corazón grande y abierto, no el gesto pleno de la divinidad.

No te maravilles, tu, pequeño erótico centrífugo de los ateliers de la bohemia y los cafés, si no se te entiende, genio incomprendido: tu no tienes ningún amor.

Quien tiene un corazón se coloca ante los hombres, se desgarra y expresa el dolor de los millos que sufren a su alrededor.

El construye templos, amplias galerías, jardines infinitos, paraísos cantarinos, las bóvedas circulares de la casa del pueblo en que los hombres fraternales se encuentran y sufren juntamente; tribunas desde las cuales despiadadamente la roja verdad se derrama en el mundo negro, verdad, una santidad corrosiva, más difícil de soportar a los ojos humanos que la liquidez del sol.

El pintor muestra en frescos estremecedores la gran vocación de la humanidad, el gran irisado, la alegoría de la belleza.

Y tu, poeta, no te avergüences de penetrar en la trompa burlada.

Ven con ímpetu. Fulmina la nubecilla de ensoñación romántica, arroja en la multitud el rayo del espíritu. Deja los tiernos extravíos y las desesperaciones ligeras del tiempo de lluvias, las flores crepusculares.

Luz es lo que necesitamos: luz, verdad, idea, amor, bondad, espíritu!

Canta himnos, escribe manifiestos, elabora programas para el cielo y la tierra. Para el espíritu!
Artista, regálanos tu gran corazón. Entra con tus alas en el pueblo pobre y abúlico. Entra en las cámaras inundadas de las madres jóvenes, en los hospitales compulsivamente agitados por los gritos, llenos de moribundos y enfermos con esperanza, entra las mazmorras irrespirables, en los cuarteles que comprimen la cólera, en los palacios de justicia y los ancianatos.

Sonríe siempre y perdona como el ángel, el desconocido. Mientras más malos y bajos y sordos ellos son, más bello, más alto y más Artista, ama!

Argumentos. Bogotá. Agosto. 1984. Nro 8/9. Págs. 181-183

 

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