¿LAS PLAZAS?
Por: Gustavo Zalamea (1951- )

En 1977 y 1978 dibujo y pinto calles y espacios de miedo. El miedo a lo sobrenatural y el miedo político se superponen, y es entonces cuando desemboco en las Plazas de Bolívar (que he querido mostrar en la Universidad en homenaje a todos los hombres y mujeres asesinados en el Palacio de Justicia). En el 79 pintó una Plaza negra y vacía que va siendo invadida por distintas fuerzas. Más tarde aparecen bestias sacrificadas o barcos balleneros o grandes ballenas, se producen combates, crecen árboles enormes. Llego a la Plaza con una intención política, y me ocurre lo mismo que con otros temas: se impone la intuición artística. El espacio político se convierte en un espacio plástico con múltiples lecturas que conducen a una comunicación más certera y profunda.

La Plaza negra nueva –se llama Muerte-19- hecha en noviembre pasado, todavía en la conmoción ante uno acto de una brutalidad y locura tan terribles que tenía inevitablemente que concluir en catástrofe, quiere presentarle a cualquier espectador activo de una imagen capaz de impresionarlo, capaz de transmitirle toda mi desolación, capaz de motivarlo a reconocer el horror y luchar contra él.

Es claro que el arte no tiene por qué tener, ni puede tener ninguna eficacia política, pero sí es deber del artista, en muchas ocasiones, dar la batalla contra la muerte, aun cuando sepa que no puede detenerla. Y hay otra cosa que señalar aquí: por más sombría que sea la representación, el trabajo artístico está signado por el optimismo. Se le apuesta a la vida.

Mi trabajo se desarrolla en ciclos de temas que se van encadenando y mezclando. De grandes retratos caricaturescos paso a las calles, a vistas de la ciudad, a las torres y cúpulas, a la Plaza, a papeles-dcoumentos llenos de vegetación simbólica y batallas y cabezas y siluetas del dibujante. Más adelante, en una serie de dibujos sobre los escritores latinoamericanos, encuentro las montañas y las geografías. En el 84 y 85 vuelvo a las construcciones, a las frutas y a los árboles.

Lo importante es que a lo largo de todo este proceso se han ido definiendo y depurando todas las partes que conforman un vocabulario expresivo y permiten el manejo de un lenguaje artístico. Ya manejo los temas con entera libertad y el trabajo no se agota nunca, está abierto a nuevos desarrollos y proyectos. A la evolución del trabajo contribuyen también los concursos (con o sin temas o parámetros), y otros eventos como el teatro por ejemplo: las dos escenografías que he realizado me han permitido, la una un retorno al tema del miedo en la ciudad, la otra un ensayo en gran escala de construcciones y árboles que se han transformado en varios tipos de propuestas.

Ha sido una muy enriquecedora experiencia la del teatro, que ha coincidido con una dedicación casi completa a la pintura y con la irrupción del color. Ahora puedo decir que trabajo con muchísimo placer, y es claro que eso se siente en todos los resultados.

Me siento muy bien trabajando en Bogotá. En el exterior, Nueva York o París, se lucha por un reconocimiento internacional, objetivo que es sin duda importante pero que puede también desorientar por completo a un artista. Yo creo que es aquí en nuestros países donde el trabajo adquiere íntegramente su valor y su sentido. Le sirve a la gente para reconocerse y enriquecerse.

Y no hay montañas más bellas en el mundo que Monserrate y Guadalupe…

GUSTAVO ZALAMEA. MUSEO DE ARTE MODERNO DE BOGOTÁ. N0VIEMBRE 1986.

 

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