LA CASA FANTASMA
Por: Braulio Arenas

 


   Poichali. Por: Victor Brauner.  1946

EN EL AMOR

Maestro en sueños, más en despertares,
viví soñando, esto es decir: amé;
sobre la noche eterna estuve en pie
dándole al breve días mis cantares.

Del uno, el día, yo bogué sus mares;
de la noche, sus mares yo bogué,
y de tantos naufragios naufragué
en la ribera amante, sin pesares.

Amor, ribera mía, predilecta,
Resumen de ambos mares, analecta
Voz de sirena en onda repetida.

Voz de la noche, voz del día, junta,
uno todo soy por vos, hoy que despunta
la mañana más clara de mi vida.


CONCEPCIÓN

Oh Concepción viviente,
ciudad mía,
que clamor permanente
sea tu guía.

Con el gentil desenfado
del niño que al mundo llega,
llega Concepción a Chile
para hacer la vida nueva.

De su arbolada colina
desciende, de cielos llena,
llena
de risas la cara
y el cuerpo de amores plena,
para entregar su regalo
de amor a los hombres, buena,
como quien dona la vida:
pues concepción es su lema.

Hombres, recibid amores,
recibid la vida entera,
saludad con alegría
la concepción que nos llega:
Bío Bío inmaculado
por los pinos de la vera,
cruza lento y mírala,
y si algún pesar te queda
lo cambiarás al saber
que es Concepción quien te aquieta.

Desciende la concepción,
en sus manos la madeja,
como quien propone enigmas,
como quien enigmas deja,
y si crea el laberinto
también la salida crea.

Sobre la noche del mundo
Concepción arde su tea,
orgullosa de ser madre
y de saberse maestra:
madre de un mundo fabril,
maestra de sabia escuela,
si da acero por un lado
por el otro da conciencia.

Que de día y noche arda
su tea de estar despierta,
sobre la noche del mundo
su luz esté siempre alerta:
para vigilar la noche
su acero de acero sea,
para acabar con la noche
buena cosa es la conciencia.

Toquemos pues la ciudad
llevando la vida en pena,
y a poco de estar tocando
que en luz la pena convierta
(luz de amor, luz de alegría)
la concepción que contesta;
para entrar en Concepción
que el amor abra las puertas:
seremos de aquí en adelante,
bajo materna tutela,
seremos almas dichosas,
nunca más almas en pena.

Oh Concepción viviente,
ciudad mía,
que el amor permanente
sea tú guía.

SAN JUAN DE LA CRUZ

Pájaro sin color determinado
de tanto unirte al cielo a toda hora,
baja hasta el mundo tu fascinadora
canción, y canta en todo fascinado.

Opera con la gracia y el pecado,
con la sombra del mundo en esta hora,
opera con el alma encantadora
y con el cuerpo del mortal anclado.

Es la hora ésta, pues, que ya levante
el alma la canción como su vuelo,
rumbo al oriente de su paraíso.

Ayúdala, por fin, que no la espante
dejar esta miseria de su suelo,
¡oh, San Juan de la Cruz, uno y diviso!


MISTERIO DEL CUARTO AMARILLO

La vieja leyenda, la nicotina, las nubes, voy a verificar en una zambullida toda la experiencia de los peces.

El anillo de Polícrates, después de haber pasado de mano en mano por las manos de las jóvenes diosas de la razón, yace ahora olvidado sobre el suelo de mármol del océano.

Entre este anillo y el ascensor de vidrio que desciende vertiginosamente hasta el fondo del mar (transportando a un grupo de seres inermes ya frente al misterio) un secreto vínculo se establece, como si el anillo transmitiera el hielo a torrentes.

Allá lejos el mar (lleno de desesperación), Proteo innumerable, rompe su rostro contra el acantilado.

Pues en todo hay misterio.
Todas las palabras sin un significado material me son aborrecibles. Amo, en cambio, la palabra sandía, la palabra fuego griego, la palabra recuerdo, la palabra recórcholis.

Pues es un misterio este cuarto amarillo, este mar, donde el silencio parece petrificado.
No hay nadie, en verdad.

A no ser que el mismo Nadie se haya convertido en personaje, y no creo que sea el deshielo, como Nadie se lo dice a las jóvenes diosas de la razón, la causa que le obliga a sentar frente al fuego de la chimenea.

A no ser que sea el mismo Nadie quien reanimara el cuerpo de aquel pequeño estudiante.
Yo le vi colgando de un árbol y asediado por lobos blancos (en recuerdo de su niñez), a pesar de que el árbol ya no está en la isla invisible.

El crece en la cama donde diez mujeres sueñan con el mismo amante.

Este sueño impulsó a los huéspedes del hotel a descender en el ascensor de vidrio, cada vez más rápido, hasta el fondo del mar, en una afanosa búsqueda de Nadie, pues los huéspedes formaban parte de su sueño.

Un poco más rápido, pequeño ascensor.
Desciende con los recuerdos de este singular grupo de ahogados.
Nadie podrá encontrar a Nadie.
Las olas del mar, en este momento en que todo el mundo despierta para ir al trabajo, destruyen con voracidad hasta el recuerdo del cíclope.
Y por estos dicen algunos, mar, que eres hermoso.

LA LUZ DEL POBRE

Es bueno escribir en lluvia
lo que en sol nos dicta el cielo.

Calles vacías, las gentes
razonando por el viento;
calles vacías, y mi alma
recorriendo en sombra el pueblo;
todo vacío, vacío,
como un espantoso féretro;
todo vacío, y creía
ser del mundo un extranjero.

La lluvia al punto caí a
cortando la sombra al sesgo:
en una noche disipa
su caudal todo el invierno;
lluvia, lluvia, lluvia y lluvia,
poniendo el diluvio en menos;
lluvia, lluvia, y yo en la calle
derivando como un ciego,
sin encontrarme a mí mismo,
no ya digo hallar un puerto.

Llegué sin pies hasta el puente
todo de noche y silencio;
ya nada había de nada:
ni lluvia, río ni cierzo;
nada, nada, estaba solo,
nada, sin alma, sin cuerpo.

Pero, de pronto, una luz
brotó desde un agujero,
salía de una cabaña
como de un gemido yerto;
una cabaña a la orilla,
empapada hasta los huesos,
una cabaña gritando
su frío, su desconsuelo.

Pobre cabaña de pobre
tú eres en luces lo cierto,
para mi pobre ignorancia
tu sol era verdadero:
con tu luz tú nos decías
que el mundo no es un desierto,
que hay una luz en el alma
resistente a todo viento.

Mínima luz de la vida
que dices que nada ha muerto,
que está viva la esperanza
de un mundo más verdadero;
mínima luz en la sombra
como un llamado fraterno.

Es bueno escribir en lluvia
lo que en sol nos dicta el cielo.

Santiago de Chile. Luis Rivano Editor. 1962.

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