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En la Muerte de Jean-Pierre Vernant 1914-2007
MITO Y PENSAMIENTO EN LA ANTIGUA GRECIA
INTRODUCCIÓN (Fragmento)
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Adán y Eva. Jesús
Galdo. 1995 – 1999.
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Si nos hemos decidido a agrupar en un volumen unos trabajos cuyos temas
corren el riesgo de parecer muy diversos, se debe al hecho de haber sido
concebidos como las piezas de una misma indagación. Desde una decena de
años nos esforzamos en aplicar al dominio griego las investigaciones de
la psicología histórica del la que I. Meyerson es, en Francia, el
promotor. (1) Nuestros estudios tienen por materia los documentos sobre
los cuales trabajan los especialistas, helenistas e historiadores de la
antigüedad. Sin embargo, nuestra perspectiva es otra. Ya se trate de los
hechos religiosos: mitos, rituales, representaciones figuradas, o bien de
filosofía, de ciencia, de arte, de instituciones sociales, de hechos
técnicos o económicos, siempre los consideramos, en tanto que obras
creadas por los hombres, como la expresión de una actividad mental
organizada. A través de estas obras, nosotros escudriñamos para averiguar
lo que ha sido el hombre mismo, este hombre de la antigua Grecia al que
no se puede separar del cuadro social y cultural del cual es a la vez
creador y producto.
Empresa difícil por su carácter necesariamente indirecto y que,
por añadidura, corre el peligro de no ser siempre bien recibida.
Enfrentados con los textos, los documentos figurados, las realia sobre las cuales debemos
apoyarnos, los especialistas tienen sus problemas y sus propias técnicas;
el estudio del hombre y de sus funciones psicológicas les aparece muchas
veces como algo extraño a su dominio. Los psicólogos y los sociólogos se
encuentran, por la orientación actual de sus investigaciones, demasiado
comprometidos en el mundo contemporáneo para interesarse por una
antigüedad clásica que abandonan a la curiosidad, a sus ojos un poco
anticuada, de los humanistas.
Y sin embargo, si existe una historia del hombre interior,
solidaria de la historia de las civilizaciones, nos es preciso retomar la
consigna que lanzaba, hace algunos años, Z. Barbu, en su libro Problems of historical psychology:
(2)”¡Back to the Greeks!” En la perspectiva de una psicología
histórica, el retorno a los griegos nos parece, en efecto, imponerse por
varias razones. La primera es la de orden práctico. La documentación
concerniente a Grecia es a la vez más extensa, más diferenciada y mejor
elaborada que la referente a otras civilizaciones. Disponemos, cada vez
en mayor grado, de numerosos trabajos, sólidos y precisos, referentes a
su historia social y política, a su historia religiosa, a su historia del
arte y del pensamiento. A esta ventaja se añaden argumentos de fondo. Las
obras que la antigua Grecia ha creado son muy “diferentes” a
las que constituyen nuestro universo espiritual, hasta el punto de
servirnos de desorientación y darnos, con el sentimiento de la distancia
histórica, conciencia de un cambio en el hombre. Al mismo tiempo, estas
obras no nos resultan tan extrañas como puede suceder con otras. Ellas
han sido transmitidas hasta nosotros sin solución de continuidad. Están
todavía vivas en unas tradiciones culturales con las cuales no cesamos de
relacionarlos estrechamente. Bastante alejado de nosotros para que sea
posible estudiarlo como un objeto, y como un objeto más, al que no se
aplican exactamente nuestras categorías psicológicas de hoy día, el
hombre griego, no obstante, está lo bastante cercano de nosotros para
hacernos posible entrar en contacto con él sin demasiadas dificultades,
comprender el lenguaje que habla en sus obras, alcanzar, más allá de los
textos y documentos, los contenidos mentales, las formas de pensamiento y
de sensibilidad, los modos de organización de la voluntad y de sus actos.
Brevemente: una arquitectura del espíritu.
1. I. Meyerson,
Les fonctions psychologiques et les
oeuvres (París, 1948).
2. Z. Barbu, Problems of historical
psichology (Londres, 1960).
Barcelona. Editorial Ariel. 1983. Págs. 13-14.
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